¿Donde se generan los cambios? ¿Cuándo tomamos la decisión consciente de cambiar, de modificar, de mudar el presente para obtener una nueva versión de nuestro futuro? ¿En qué momento de la acción, nace una nueva inflexión que nos llevará a descubrir, un nuevo camino?
Pareciera que la vida personal obedece a un "destino" escrito para cada uno, con anterioridad a nuestras decisiones y no importando ni el cómo ni el por qué, ese destino se va a cumplir de alguna forma.
En realidad, a mi me gusta pensar que la vida es como las combinaciones matemáticas, que según el número y la función, puede generar varios o infinitos resultados. Como la suma del 2 mas 2, siempre es cuatro, pero si lo descompones de a uno, se puede tomar la decisión de que simplemente, siga siendo un 2, un 3 o un 1. Es una teoría loca que me surge, porque en realidad en la vida nos parece que hay muchas precisiones, números enteros que no se modifican, pero basta con que uno agregue o reste y y la resultante puede ser otra.
Yo vivo la vida desde mi ángulo, desde mi visión corpórea, mi rango de valores, vivencias, intuiciones, historia, genética, evolución. Puedo modificar algunas cosas dentro de mi, pero no todas, entonces hay ciertos límites que no me permitirían ir más lejos, llegar a distancias mayores, en fin, incluso el color de mis ojos me podría acarrear ciertas barreras. Sin embargo, por el simple hecho de ser "como" soy no creo que exista un solo destino escrito para mi. Y lo digo humildemente, porque puedo reconocer que hay seres luminosos y mucho más aventurados que yo, pero aún así, yo puedo realizar la suma del 2+2 y no necesariamente llegar a la resultante de 4 todo el tiempo.
Increíblemente, todos tenemos la opción de elegir, como en aquel viejo programa de televisión en que uno elegía la puerta A, B o C. Podía quedarse con el premio mayor, un vehículo, una casa o bien nada, pero todo dependía de una simple decisión que se tomaba en décimas de segundo, porque el programa no iba a esperar la vida entera, a que uno se decidiera. Entonces, se podía triunfar o simplemente, perder. E incluso en la instancia de triunfo, no necesariamente estaba asegurado el resultado final de la decisión, porque si se elegía la puerta C, donde estaba el vehículo, podía ser que en el trayecto desde el canal a su casa, el ganador olvidara detenerse frente a una luz roja, y con ello, sufriera un terrible accidente que lo tuviera postrado por meses en un hospital.
En ese caso, no hubiese sido mejor que hubiera elegido al puerta A, donde no había nada, pero habría regresado en micro a su casa, sano y salvo.
Son interrogantes tal vez absurdas, pero la vida es constantemente absurda.
Los cambios se generan entonces, por decisiones que tomamos hace un par de segundo, o bien hace mucho tiempo atrás. Podemos postergar la decisión del cambio, de mudar, de modificar pero en algún punto, hay que hacerlo o en su defecto, uno debe tener el coraje suficiente para asentir que aunque sabe que debe cambiar, no lo hace ya que entra en pánico, en el temor a equivocarse, a perderse la puerta C, cuando puede ser que eligiendo la puerta A, nos vaya mucho mejor en la vida.
Hay momentos en que dejar que la puerta C pase por nuestro lado, sin abrirla, acarreará muchos mejores resultados de lo que uno espera. Puede que en este momento preciso sienta que la pérdida se instala en mi vida como una dolorosa lección, pero hay que admitir que sin dolor, no hay claro entendimiento de lo que significa estar sano y vivo. Ninguna pérdida es un fracaso y poner la vida en términos duales como éxito/fracaso, bien/mal, bello/feo, es bastante aburrido, porque en el gran tapiz, los matices son los que tienen más fuerza.
Entonces, desde la cenicienta y polvorosa situación de mi estado actual, tengo que hacer un cambio. Modificar aquello que en realidad no me lleva más lejos que a la luz del semáforo en rojo, donde todo se estrella conmigo, aún creyendo que el auto cero kilómetro que me llevo a casa, es mi único destino.
Dos mas dos sobre un nuevo tapiz de finas hebras. Dejar tras de mi todo lo aprendido para comenzar a a aprender de nuevo. Rescatar de mi propia experiencia aquello que he recibido y agradecer, por todo lo vivido.
Todos los días, es un nuevo día.