lunes, 29 de septiembre de 2014

El cambio

¿Donde se generan los cambios? ¿Cuándo tomamos la decisión consciente de cambiar, de modificar, de mudar el presente para obtener una nueva versión de nuestro futuro? ¿En qué momento de la acción, nace una nueva inflexión que nos llevará a descubrir, un nuevo camino?
Pareciera que la vida personal obedece a un "destino" escrito para cada uno, con anterioridad a nuestras decisiones y no importando ni el  cómo ni el por qué, ese destino se va a cumplir de alguna forma.
En realidad, a mi me gusta pensar que la vida es como las combinaciones matemáticas, que según el número y la función, puede generar varios o infinitos resultados. Como la suma del 2 mas 2, siempre es cuatro, pero si lo descompones de a uno, se puede tomar la decisión de que simplemente, siga siendo un 2, un 3 o un 1. Es una teoría loca que me surge, porque en realidad en la vida nos parece que hay muchas precisiones, números enteros que no se modifican, pero basta con que uno agregue o reste y  y la resultante puede ser otra.

Yo vivo la vida desde mi ángulo, desde mi visión corpórea, mi rango de valores, vivencias, intuiciones, historia, genética, evolución. Puedo modificar algunas cosas dentro de mi, pero no todas, entonces hay ciertos límites que no me permitirían ir más lejos, llegar a distancias mayores, en fin, incluso el color de mis ojos me podría acarrear ciertas barreras. Sin embargo, por el simple hecho de ser "como" soy no creo que exista un solo destino escrito para mi. Y lo digo humildemente, porque puedo reconocer que hay seres luminosos y mucho más aventurados que yo, pero aún así, yo puedo realizar la suma del 2+2 y no necesariamente llegar a la resultante de 4 todo el tiempo. 

Increíblemente, todos tenemos la opción de elegir, como en aquel viejo programa de televisión en que uno elegía  la puerta A, B o C. Podía quedarse con el premio mayor, un vehículo, una casa o bien nada, pero todo dependía de una simple decisión que se tomaba en décimas de segundo, porque el programa no iba a esperar la vida entera, a que uno se decidiera. Entonces, se podía triunfar o simplemente, perder. E incluso en la instancia de triunfo, no necesariamente estaba asegurado el resultado final de la decisión, porque si se elegía la puerta C, donde estaba el vehículo, podía ser que en el trayecto desde el canal a su casa, el ganador olvidara detenerse frente a una luz roja, y con ello, sufriera un terrible accidente que lo tuviera postrado por meses en un hospital.
En ese caso, no hubiese sido mejor que hubiera elegido al puerta A, donde no había nada, pero habría regresado en micro a su casa, sano y salvo.
Son interrogantes tal vez absurdas, pero la vida es constantemente absurda.

Los cambios se generan entonces, por decisiones que tomamos hace un par de segundo, o bien hace mucho tiempo atrás. Podemos postergar la decisión del cambio, de mudar, de modificar pero en algún punto, hay que hacerlo o en su defecto, uno debe tener el coraje suficiente para asentir que aunque  sabe que debe cambiar, no lo hace ya que entra en pánico, en el temor a equivocarse, a perderse la puerta C, cuando puede ser que  eligiendo la puerta A, nos vaya mucho mejor en la vida.

Hay momentos en que dejar que la puerta C pase por nuestro lado, sin abrirla, acarreará muchos mejores resultados de lo que uno espera. Puede que en este momento preciso sienta que la pérdida se instala en mi vida como una dolorosa lección, pero hay que admitir que sin dolor, no hay claro entendimiento de lo que significa estar sano y vivo. Ninguna pérdida es un fracaso y poner la vida en términos duales como éxito/fracaso, bien/mal, bello/feo, es bastante aburrido, porque en el gran tapiz, los matices son los que tienen más fuerza. 
Entonces, desde la cenicienta y polvorosa situación de mi estado actual, tengo que hacer un cambio. Modificar aquello que en realidad no me lleva más lejos que a la luz del semáforo en rojo, donde todo se estrella conmigo, aún creyendo que el auto cero kilómetro que me llevo a casa, es mi único destino.
Dos mas dos sobre un nuevo tapiz de finas hebras. Dejar tras de mi todo lo aprendido para comenzar a a aprender de nuevo. Rescatar de mi propia experiencia aquello que he recibido y agradecer, por todo lo vivido.
Todos los días, es un nuevo día. 



jueves, 17 de julio de 2014

Nadie Me Escribe: Hace mucho tiempo ya

Nadie Me Escribe: Hace mucho tiempo ya: Hace mucho tiempo ya, cree un blog como parte de una terapia de sanación personal, con el fin de sacar de mi interior, todos aquellos rugido...

Hace mucho tiempo ya

Hace mucho tiempo ya, cree un blog como parte de una terapia de sanación personal, con el fin de sacar de mi interior, todos aquellos rugidos silenciosos que se agolpaban como un manantial incontenible de ideas, verbos, dolores, angustias, alegrías y hasta ridículas formas de ver el mundo, en una perspectiva bien sui generis.
Asi, el universo marceliano se pobló de cientos de imágenes y las letras se transformaron en mi mejor aliada para ir mucho mas lejos de lo que lograba ir yo misma.
Ese blog, llamado Nadie Me Escribe, era un grito espasmódico de mis disparatadas ideas y el amor que tengo por el verso, la palabra escrita y la poesía de la vida, que no tiene por que rimar, si no con que de brillos, alcanza.
Por muchos años lleve adelante ese blog, poniendo mi alma en simples y poco pretenciosos escritos, y logrando llamar la atención de algunos que me siguieron, porque consideraban que lo que yo escribía, los identificaba.
En algún punto, también trate de convertir todos los escritos del blog en un libro virtual, pero no lo logre. Mis intereses son muchos y de pronto, segmentarlos en capítulos se me complicaba demasiado, hasta el punto de no saber si hacer una edición completa de cada blog, o simplemente apilarlos por temas. Entonces, esos escritos (algunos de muy buena calidad y sin falsa modestia) se quedaron en algún punto del universo virtual, flotando en alguna nube lejana donde nadie más los lograría alcanzar a menos que escribiera palabras complejas como Promaucae o títulos estrambóticos como Sexo en la Cite.
Sin embargo, en algún punto de mi vida, deje de escribir para dedicarme a cosas "mas importantes", para dejar de soñar con ser una escritora, para dejar de creer que la magia existe y puede ser parte de mi vida si me lo propongo.

De verdad, la vida es osca, dura, poco amigable a ratos y uno cree que dedicando sus esfuerzos a construir una fortuna, va a recompensar muchos sacrificios del espiritu. Pero finalmente ahora me encuentro sin trabajo, sin dinero y mi espíritu no ha sido recompensado de ninguna forma, por haber dejado de ser fiel a si mismo.
No voy a culpar a nadie de mi situación, porque no es culpa de nadie, es más, la culpa no viene siquiera al caso, porque vivir y luchar por algunas cosas que uno cree, equivocarse y tratar de enmendar y volver a equivocarse una y mil veces, es parte de vivir aquí y en la quebrada del ají.
Acepto que no soy perfecta, ni siquiera cercana a un buen ejemplo de ser humano, pero tampoco me voy a colgar de una viga, porque no soy. Es absurdo condenarse de ante mano, por haberse equivocado y de buena fe, sin hacerle mal a nadie y sin haberle embarrado el camino a los que vienen detrás de uno, pero a veces, confiar y ser confiada no es la respuesta, porque el mundo sigue siendo un lugar difícil.

En estos años que he ido dejando de escribir, me ha tocado vivir la verdadera soledad del silencio que se mete por todos los poros de la piel, me he encontrado con la poca sensibilidad artística de las personas y la total falta de creatividad, como si copiar y repetir lo hecho antes, fuera simplemente la única forma.
Me he tenido que aprender a decepcionar una y ciento de veces, porque quien menos te imaginas, ataca a mansalva por todo aquello que uno ha trabajado y deja una dolorosa huella de desagravio, egoísmo y falta de solidaridad, que ya no se repone.

Aun así, no siento que la decepción sea lo mas doloroso. Los mas difícil ha sido acallar mi voz interior, sin darle curso, sin dejarla salir para no incomodar y ser incomodada por los impertinentes. Pero finalmente, estar en silencio, no sirve y mucho menos cuando los mediocres atacan en turba.

Así de simple, yo no renunciare a ser, porque siempre he sido la disparatada y divertida Marcela, que escribe sobre todo lo que pasa por su cabeza. Por eso estoy de regreso y sin limites aunque Nadie Me Escribe Ya!!!!!!!!!!!!!